Por Gregory Vuyani MAQOMA
Fue durante una entrevista reciente que tuve que pensar profundamente sobre la danza, ¿qué significa para mí? Para responder, tuve que analizar mi recorrido y me di cuenta de que todo se trataba del propósito, que cada día presenta un nuevo desafío que debe ser enfrentado, y que es a través de la danza que trato de darle sentido al mundo.
Estamos viviendo tragedias inimaginables, en tiempos que podría denominar como la era posthumana. Más que nunca, necesitamos bailar con propósito, para recordarle al mundo que la humanidad todavía existe.
El propósito y la empatía deben prevalecer sobre años y años del innegable paisaje virtual de disolución, que ha dado lugar a una catarsis de dolor universal que invade la tristeza, la dura realidad que continúa impregnando la vida de quienes se enfrentan a la muerte, el rechazo y la pobreza.
Nuestra danza debe, más que nunca, dar una fuerte señal a los líderes mundiales y a los encargados de salvaguardar y mejorar las condiciones humanas de que somos un ejército de pensadores furiosos y que nuestro propósito se dirige a cambiar el mundo paso a paso.
La danza es libertad, y a través de la libertad que encontramos, debemos liberar a otros de los encierros que enfrentan en diferentes rincones del mundo. La danza no es política, pero se vuelve política porque lleva en su fibra una conexión humana y, por lo tanto, responde a circunstancias en su intento de restaurar la dignidad humana.
A medida que nuestros cuerpos danzan, que damos vueltas en el espacio y nos enredamos con otros, nos convertimos en una fuerza motriz que teje corazones, toca almas y que brinda la sanación que tan desesperadamente se necesita. Así el propósito convierte la danza en una hidra de una cabeza, invencible e indivisible. ¡Todo lo que necesitamos ahora es bailar un poco más!
Traducción: @funceism

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